Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

Los Ángeles son seres especiales, creados por Dios, y están para su servicio. La palabra se deriva del latín "angelus", que a su vez traduce el griego "angelos", significa “mensajero”; por tanto, los ángeles actúan como enviados o mensajeros de Dios.

Dentro de muchas ideologías y culturas (judaísmo, cristianismo, e islamismo), los ángeles son criaturas de protección y símbolo de pureza; a ellos, según se creé, se les ha encomendado la guarda o custodia de una persona concreta, o de una nación. La piedad nos ayuda a creer que estos ángeles, por Gracia de Dios, nos pueden brindar confianza, alegría y seguridad a lo largo de nuestras vidas.

Nuestro cristianismo hunde sus raíces fuertemente en el judaísmo. Por eso, es importante conocer las creencias de nuestros “antepasados en la fe” acerca de este tema en concreto:

Aunque los israelitas eran un pueblo monoteísta (es decir, que creían en un único y verdadero Dios), vivían rodeados de otros pueblos de tradición politeísta (que creían en muchos dioses), y sin duda sus ideologías ejercieron un fuerte influjo sobre los judíos.

Resultó, entonces, muy útil convertir a cualquier ser “divino” en un servidor del único Dios que adoraban, garantizando su “triunfo” por sobre todos estos seres míticos, formando así una “corte celestial”, similar a la de los reyes de su época. Posiblemente por influencia mesopotámica (babilónica), se empezó a representar a estos ángeles con alas; el influjo de la religión mazdeísta (“zoroastrismo”. Año 1700 a.C. aproximadamente), basada en los principios del mal y el bien como explicación de todas las cosas, también contribuyó a configurar los ángeles como parte “del bien”, mientras que las potencias malignas encajaron de modo natural como “ángeles malos” o "ángeles caídos" y, por tanto, servidores del mal. Recordemos que los israelitas fueron exiliados a Babilonia desde el año 597 a. C. hasta el año 538 a. C., y gran parte de sus creencias estuvieron muy influenciadas por sus captores.

Muy pronto se les atribuyó a los ángeles el papel de “intermediarios” entre la divinidad y los seres humanos, posiblemente porque su aspecto característico de “hombres con alas” parecía apropiado para moverse tanto en el ámbito divino como en el terrestre, pero no olvidemos que esta es la forma en que los hombres les representan, puesto que los ángeles son “espíritus invisibles”, y por tanto no se pueden ver…

A lo largo de los siglos, los ángeles, para los judíos, han ido evolucionando: En un principio se los menciona como “seres tan parecidos a varones humanos que podían ser confundidos con ellos”, para ir luego paulatinamente tornándose más espirituales, y cumpliendo funciones más especializadas (como ángeles que solo sirven a la divinidad, ángeles mensajeros, ángeles que castigan, etc.).

Ahora bien, el estudio de la “angelología” cristiana (tratado teológico sobre los ángeles), retomando elementos del judaísmo, y algunos propios, ha subrayado una organización especial de la “Corte angelical celeste”:

La clasificación medieval más influyente fue creada por un autor desconocido, cuyas obras nos han llegado atribuidas a un tal "Dionisio Aeropagita" (le llamamos, por eso, Pseudo - Dionisio Areopagita). El teólogo en cuestión vivió entre los siglos IV y V d. C. (en el Areópago - Grecia) y expuso su doctrina angelológica en un libro titulado “La Jerarquía Celeste”, según el cual los ángeles se dividen en tres grupos, de tres grados cada uno:

* El primero grupo compuesto de Serafines, Querubines y Tronos.

* El segundo, compuesto de Dominaciones, Virtudes y Potestades.

* El tercero, compuesto de Principados, Arcángeles y Ángeles.

Según el tratado, los Serafines están en la cima de la jerarquía y rodean el trono de Dios, son de color rojo y su atributo es el fuego.

Los Querubines simbolizan la sabiduría divina, y son de color azul y oro.

Los Tronos representan la justicia divina y llevan toga (al estilo romano) y bastón de mando.

El segundo grupo es responsable de los elementos naturales y de los cuerpos celestes, las Dominaciones y las Potestades llevan corona y cetro; las Virtudes se refieren a la "Pasión de Cristo", y llevan a veces flores o símbolos marianos.

El tercer grupo establece la relación con la humanidad: Los Principados protegen a las naciones, los Arcángeles son mensajeros de Dios; y los Ángeles protegen a todos los humanos.

La postura oficial de la Iglesia Católica se fijó en el Concilio Provincial del año 745 en la Ciudad de Roma, y lo reafirmó el Concilio de Aquisgrán (Alemania) del año 789, los cuales rechazaron tajantemente el uso de nombres de ángeles, salvo aquellos que explícitamente son citados en la Biblia, y que ahora recordamos: Miguel (“¿Quién como Dios?”), Gabriel (“Varón de Dios”) y Rafael (“Medicina de Dios”), quienes cumplen una encomienda especial, según los designios de Dios: Miguel en su lucha contra las fuerzas del mal, Gabriel anunciando los planes del Señor, y Rafael acompañando y curando a los hombres.

La Iglesia Ortodoxa griega y la Iglesia Ortodoxa copta reverencian, no obstante, también a Uriel (“Luz de Dios”), retomado de algunos pasajes de escritos apócrifos. Pero además existen muchas otras fuentes documentales y tradicionales que se refieren a otros ángeles: Baraquiel (“Bendición de Dios”), Ragüel (“Amigo de Dios”), Sariel (“Mandamiento de Dios”), o Remiel (“Trueno de Dios”).

Una diferencia notable del cristianismo respecto a las demás religiones es que se dispone de un registro abundante de cómo se ha imaginado a los ángeles a través del tiempo: Generalmente se trata casi siempre de niños (por su inocencia), jóvenes varones (atléticos y garbos), o seres asexuados (con rostro y cabellera de mujer, y cuerpo y musculatura de hombre).

En la Edad Media, los ángeles no eran representados de forma aislada, a excepción de algunas obras artísticas donde aparecía San Miguel Arcángel como "Juez de las Almas", en la pintura antigüa flamenca, italiana y española. Es en el Renacimiento (siglos XV y XVI) cuando los ángeles comienzan a ser pintados individualmente, práctica que se extiendió durante casi todo el Barroco (siglos XVII y XVIII). La escuela sevillana de pintura, en especial el autor Francisco de Zurbarán (1598 – 1664) y sus discípulos, contribuyeron también de forma importante a la iconografía de los ángeles. Es preciso destacar también que cuando los conquistadores españoles impusieron la religión católica a los habitantes de América, éstos encontraron en los ángeles unos sustitutos ideales para sus antiguos dioses, por lo que su culto (en ocasiones poco mesurado) llegó a ser muy popular. Más tarde, en el Barroco, aparecen en América (siglos XVII al XIX) los "ángeles arcabuceros", en los que estos seres aparecen representados como “soldados de lujosas ropas holgadas”.

Debemos evitar exageraciones. Actualmente como que se ha ido marcando una especial “euforia angelológica”. Piedad combinada con hechicería, esoterismo, magia o superstición, pretende “manipular” estos seres celestes: Enviarlos a casa, darles de comer, hospedarlos, etc. En pocas palabras, mover a placer a los “guardianes de casa, empresas, ciudades o naciones”.

Escuchemos ahora, en formato de audio, una reseña de los tres Arcángeles que ahora recordamos: Miguel, Gabriel y Rafael:




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