¿Qué importancia tiene ser "cristiano católico"? (Cuento)


En una ocasión, un sacerdote fue convocado a una reunión de pastores de diversas denominaciones religiosas para exponer las creencias de los cristianos católicos.

El sacerdote echó mano de todos los recursos que le parecían adecuados para brindar una catequesis especial, aprovechando la oportunidad que le brindaban, así que hizo un acopio de sencillos símbolos y acudió puntual a la cita.

Cuando llegó su turno, solicitó que le trajeran por favor una mesa y, pidiendo en silencio la asistencia del Espíritu Santo, se dispuso a comenzar:

"Quiero - dijo - compartir mi ponencia, iluminándola con una sencilla catequesis que he titulado "Riqueza de los católicos, y pobreza de algunas sectas", espero que, lejos de ofender a cualquiera de los aquí presentes, mi exposición les resulte iluminadora".

Entonces, a modo de pregunta, continuó:

"¿Qué nos ofrece la Iglesia Católica para alcanzar la salvación?

1. La Sagrada Escritura (y colocó la Biblia sobre la mesa).

73 libros, divididos en 2 grandes partes: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. Nosotros creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, comunicación de Dios a los hombres, para que podamos conocer su voluntad y todo aquello que necesitamos cumplir para alcanzar la vida eterna.

2. Jesucristo (y colocó un crucifijo sobre la mesa).

Verdadero Dios y verdadero hombre; la Segunda Persona de la Santísima Trinidad; quien nos ha manifestado los designios del Padre y nos ha enviado al Espíritu Santo. Es el Redentor de la humanidad, nuestro Mesías, nuestro Señor.

3. María (y colocó una imagen de la Santísima Virgen sobre la mesa).

Virgen antes, en, y después del parto. Hija del Padre, Madre del Hijo, Esposa del Espíritu Santo. Corredentora y Madre nuestra.

4. Bautismo (y colocó una pequeña conchita sobre la mesa).

Con este Sacramento quedamos incorporados a la Iglesia como miembros de Cristo: Sacerdotes de Cristo; de Cristo, profetas; y de Cristo, reyes.

5. Confirmación (y colocó una paloma de adorno sobre la mesa).

Con este Sacramento el Señor nos da la gracia de recibir la plenitud de su Espíritu Santo, confirmando nuestra fe, y nos otorga la fuerza necesaria para ser auténticos "soldados de Cristo".

6. Reconciliación (y colocó una estola morada sobre la mesa).

Con este Sacramento, los fieles penitentes acuden donde el sacerdote solicitando el perdón de Dios confesando sus pecados. Él se los concede en nombre de Cristo y de la Iglesia, y así se recibe la gracia para seguir luchando contra el pecado y permaneciendo en amistad con Dios.

7. Eucaristía (y colocó pan y vino sobre la mesa).

Con este Sacramento, Cristo nos da como alimento su Cuerpo y como bebida su Sangre. En los dones del Pan y del Vino consagrados, Jesús mismo se queda como banquete, y presente en nuestros altares nos da la oportunidad de recibirlo y de adorarlo reverentemente.

8. Unción de los enfermos (y colocó una pequeña ánfora de aceite sobre la mesa).

Con este Sacramento, el sacerdote en nombre de Cristo y de la Iglesia unge a los enfermos con un aceite consagrado. Creemos que Dios puede conceder al enfermo no sólo la salud de su alma, preparándolo si es el caso para bien morir, sino también la salud de su cuerpo.

9. Orden Sacerdotal (y les dijo que, por favor, pensaran que él mismo se subía a la mesa - risas entre los asistentes - ).

Con este Sacramento, nosotros creemos que el Señor escoge a algunos de sus fieles para desempeñar un ministerio particular: Hombres, sacados de entre los hombres, para servir a los hombres en lo que respecta a Dios.

10. Matrimonio (y colocó sobre la mesa un anillo).

Con este Sacramento, un hombre y una mujer unen sus vidas con doble fin: Perfección mutua de los cónyuges y procreación de los hijos, disponiéndose a educarlos responsablemente.

11. Magisterio de la Iglesia (y colocó sobre la mesa el Catecismo de la Iglesia Católica).

También creemos que la Iglesia, en su labor de Madre y Maestra, nos va explicitando a través de encíclicas, catecismos, y mensajes particulares, la fe que profesamos. Entendemos que la Biblia y la Tradición son, pues, los dos pilares fundamentales de nuestra religiosidad.

12. Religiosidad popular ( y colocó sobre la mesa un rosario).

Creemos, también, que los fieles expresamos popularmente la fe a través de rosarios, jaculatorias, procesiones, etc."

Llena ya la mesa, el sacerdote estaba realmente emocionado, y continuó, preguntando:

"¿Y qué es lo que nos ofrecen algunas sectas?" Y en orden inverso, fue retirando cosa por cosa...

"¿Aceptan la "religiosidad popular"? ¿Rezan el rosario? ¿Acuden a procesiones religiosas? No".

Entonces, retiró el rosario de la mesa.

"¿Aceptan el Magisterio de la Iglesia? ¿Creen en lo que enseña el Papa o los Obispos con el fin de pastorear a la Iglesia? No".

Entonces, retiró el Catecismo de la Iglesia Católica de la mesa.

"¿Aceptan el matrimonio como sacramento? ¿Son todos fieles a una sola pareja y ven en esta unión una oportunidad maravillosa para complementarse mutuamente y educar a sus hijos según la fe de Cristo y de la Iglesia? No".

Entonces, retiró el anillo de la mesa.

"¿Aceptan el sacramento del Orden? ¿Creen que el Señor ha escogido a algunos hombres para dedicarse de lleno a la labor de pastorear las ovejas que se les encomienden según el ejemplo de Cristo, Buen Pastor? No".

Entonces, les dijo que imaginaran que él se bajaba de la mesa - risas, nuevamente, entre los participantes - .

"¿Aceptan el Sacramento de la Eucaristía? ¿Creen que Cristo mismo se ha querido quedar en las especies consagradas como Pan de vida eterna y Cáliz de eterna salvación? No".

Entonces, retiró el pan y el vino de la mesa.

"¿Aceptan el Sacramento de la Reconciliación? ¿Confiesan sus pecados al sacerdote, esperando el perdón de parte de Dios y a nombre de la Iglesia? No".

Entonces, retiró la estola morada de la mesa.

"¿Aceptan el Sacramento de la Confirmación? ¿Creen que en este Sacramento se recibe la plenitud del Espíritu para dar testimonio efectivo de la fe que se profesa? No".

Entonces, retiró la paloma de adorno de la mesa.

"¿Aceptan el Bautismo como un Sacramento que nos incorpora a Cristo y a la Iglesia? No".

Entonces, retiró la pequeña conchita de la mesa.

"¿Aceptan a la Santísima Virgen María? ¿Creen que es la Madre de Dios, y nuestra Madre, nuestra Abogada, nuestra Corredentora, asociada por los méritos de Cristo a la obra de nuestra salvación? No".

Entonces, retiró la imagen de la Santísima Virgen de la mesa.

"¿Aceptan a Jesucristo como verdadero Dios y verdadero hombre? ¿Creen que Él, muriendo, nos dio la vida? ¿Lo aceptan como su Señor? No".

Entonces, retiró el crucifijo de la mesa.

"¿Aceptan la Sagrada Escritura? ¿Creen que en ella encontramos la Palabra de Dios?" - "¡Sí!" Respondieron casi a una sola voz todos los participantes de aquella catequesis. Entonces, el padre continuó: "Tienen razón, la aceptan, pero no completa. Les hacen falta siete libros que la tradición cristiana aceptó como canónicos y que otros, siguiendo el canon antiguo, rechazaron. Estos son los libros deuterocanónicos (porque entraron a la regla que marca qué libros sí pueden considerarse como inspirados en una "segunda oportunidad", porque se dudó de ellos, en algún tiempo, en algunas comunidades):

- Eclesiástico.
- 1 de Macabeos.
- 2 de Macabeos.
- Judit.
- Tobías.
- Sabiduría.
- Baruc.

Entonces, cuentan con una Biblia "mochita", porque les faltan estos libros, donde también encontramos la Palabra de Dios.

Esta es la riqueza que nos ofrece la Iglesia Católica y ésta, la pobreza que algunas sectas nos aportan".

* * * *

Hubo efusivos aplausos para el sacerdote, muchos le daban crédito y su catequesis había resultado todo un éxito.

Entonces, desde el fondo del auditorio, un pastor levantó su mano y pidió que se le concediera hacer una observación. Por supuesto que se lo concedieron, y dirigiéndose al sacerdote, le dijo estas palabras:

"Padre, su catequesis fue impresionante. Todos hemos visto la riqueza tan hermosa con la que los católicos cuentan para salvarse. Imagino que todos estos recursos pueden percibirse como un carro, último modelo, con el cual pueden, a toda velocidad, aventurarse en el camino de la salvación. Y pienso que nosotros, con nuestra "Biblia mochita", vamos caminando como con muletas rumbo a la salvación.

Padre... estamos caminando... lento... pero allá vamos...

Percibo también, y me llena de tristeza, que muchos católicos teniendo este carro flamantísimo, no lo aprovechen. Muchos católicos no se suben a su carro, ni viajan a la salvación..."

Hubo un espacio de silencio, donde la reflexión dejó lugar a la vergüenza. El sacerdote asintió, y concluyó: "Hermano, tiene razón".

¿Qué vamos a hacer nosotros?
¿Vamos a aprovechar los recursos que la Iglesia Católica nos ofrece?
¿Vamos a desperdiciar esta maravillosa oportunidad?


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