¿Por qué suceden este tipo de atrocidades?


El Padre Hector Michel Figueroa, Párroco de la Comunidad de San Miguel Arcángel, Cocula, Jalisco, compartió esta mañana a través de las redes sociales el siguiente comunicado:

"Con mucha tristeza les participo que esta madrugada fue profanado el templo de "La Cruz" de este lugar de Cocula. Sacaron el Sagrario y lo desmantelaron, profanando la reserva de la Sagrada Eucaristía. Les invito a que nos unamos en la oración: 10 días de oracion por expiación de los actos sacrílegos que se han cometido; actos de desagravio que realizaremos en este lugar para concluir con la festividad de Corpus Christi. ¡Viva Cristo Rey!"


¿Por qué suceden este tipo de atrocidades?

¿Será que la gente "no sabe lo que hace"?

Es penoso constatar cómo en numerosas comunidades se están dando este tipo de eventos: Robos, Profanaciones, Incendios... ¡Ni las puertas de los Templos se salvan!

Pidamos por aquellos que directa o indirectamente participan en estos ultrajes. Que sepan que el daño que ocasionan va mucho más allá de un simple "robo de arte sacro"...

¡Perdón, Señor, perdón!
 


"Así quedó la imagen que fue quemada 
en el templo de "La Cruz". 
Increíblemente el Rosario que lleva en la mano izquierda, 
aún cuando es de hilo, quedo intacto..."

1 comentario:

  1. Escuchamos la palabra sacrilegio y viene a nuestra mente una idea de lo que significa. Creo conveniente que repasemos el Catecismo de la Iglesia Católica y recordemos lo que en su numeral 2120 nos menciona: “El sacrilegio consiste en profanar o tratar indignamente los sacramentos y las otras acciones litúrgicas, así como las personas, las cosas y los lugares consagrados a Dios. El sacrilegio es un pecado grave sobre todo cuando es cometido contra la Eucaristía, pues en este sacramento el Cuerpo de Cristo se nos hace presente sustancialmente”.

    Este tipo de agravio lleva a la persona que lo cometió a quedar en excomunión automáticamente, es decir, en el momento en que cometió el delito y sin que sea necesario que la Iglesia haga una declaración pública sobre el hecho y la persona (Código de Derecho Canónico 1367).

    Quedar excomulgado, la pena eclesiástica más severa, implica la pérdida de la gracia y el rompimiento de los vínculos que nos unen a Cristo por medio de su Iglesia, impide la recepción de los sacramentos y el ejercicio de ciertos actos eclesiásticos, y cuya absolución, por consiguiente, sólo puede ser concedida, según el derecho de la Iglesia, por el Papa, por el Obispo del lugar, o por sacerdotes autorizados por ellos.

    Con grave tristeza, esta reflexión me lleva a pensar en quienes han cometido este agravio. Conociendo nuestro ambiente mexicano, impregnado de una religiosidad que se vive desde el seno de las familias, con miles de comunidades parroquiales distribuidas por todo el territorio nacional, con cientos de miles de catequistas vocacionados a la educación de la fe de nuestro pueblo, estoy seguro que quienes cometieron este grave delito participaron en algún momento de su vida en un grupo de catequesis, al menos de niños para prepararse a celebrar su Primera Comunión.

    ¿Que hicimos o dejamos de hacer por ellos? Hasta dónde como catequista me esforcé para conocerles, llamarles por su nombre, acompañarles a vivir la comunión con Cristo y su Iglesia, o tan solo, quizá, me conforme con dar llanamente el tema que viene en un libro o manual.

    Hasta dónde me involucré con su familia, la orienté y estuve dispuesto a escuchar los lamentos y tristezas de unos padres que ven extraviarse a su hijo o hija por caminos de perdición y sufrimiento. Hasta dónde fui a buscar la oveja perdida y la rescaté de las fauces del lobo del narcotráfico, de las garras del mal de la sociedad que hemos construido, de la saña de los incitadores a la profanación, de la indiferencia de mi corazón.

    Hoy, elevo mi oración a Dios Padre pidiendo perdón por la ofensa, pidiendo a Dios Hijo misericordia y conversión para el ofensor, pidiendo el fuego renovador de Dios Espírito Santo para nuestra catequesis y nuestros catequistas.

    Fraternalmente.

    José Inés Flores de la Cruz
    Coordinador del Departamento de Catequesis Especial del SEDEC de Guadalajara

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