Mensaje del Card. José Francisco Robles durante su toma de posesión como Arzobispo de Guadalajara

"Hermanos y hermanas, muy amados en Cristo Nuestro Señor:

Después de haber acogido el saludo de bienvenida de mi hermano, el Emmo. Sr. Cardenal D. Juan Sandoval Íñiguez; después de haber recibido el saludo del Cabildo Catedralicio, en la persona de Mons. Hermión Aranda; después de haber escuchado el saludo y el mensaje de Mons. Rafael Hernández, en representación principalmente del presbiterio; después de haber escuchado la voz representativa de la fuerza y de la acción de los laicos en esta ilustre y grande Iglesia de Guadalajara; después de constatar la representación de todo el pueblo de Dios aquí, en este lugar tan significativo y tan cargado de historia y de experiencia y vivencia de Iglesia, no me resta más que decirles "gracias por esperarme y por recibirme con un corazón de hermanos".


Más allá de la imagen de la Iglesia que me da su presencia, quiero pensar en todos los hermanos y hermanas que conforman esta Iglesia de Guadalajara. Quiero recordar de manera muy especial a todos los que se encuentran en sufrimiento en su cuerpo o en su espíritu. Pienso en todos aquellos hermanos y hermanas que con el peso de los años viven a veces en abandono, en tristeza, en soledad.

Quiero pensar de una manera muy especial y hacer llegar mi saludo a los jóvenes, a toda la fuerza que significa para la sociedad y para la Iglesia la juventud. Y quiero pensar en el núcleo base de una juventud sana y próspera, quiero saludar de manera muy especial a las familias.

Quiero también, desde este primer momento, en este primer encuentro, saludar y tender la mano a todos aquellos hermanos y hermanas que habiéndose bautizado en nuestra Iglesia viven alejados de su comunidad, es decir de su Iglesia.

Tiendo la mano, respetuosa y fraterna a todos los hermanos y hermanas que no comparten nuestro Credo, que tienen otras creencias que no son las católicas. Les tiendo la mano y espero que podamos establecer un acercamiento respetuoso, fraterno y constructivo.

Unido a esta realidad, quiero pensar en el Seminario que acoge a todos los que se sienten llamados para prestar un servicio en el seno de esta amplísima y variada comunidad. Con tan diversos acentos en su realidad. Íntimamente unidos al Seminario, todos aquellos que se forman para la vida consagrada.

He acogido también el mensaje que me han dirigido a nombre de la vida consagrada. El valor que significa para la vida de la Iglesia este don de hombres y mujeres que se sienten llamados y ungidos por el Espíritu para vivir en medio del mundo haciendo prevalecer el valor supremo: la señoría de Dios.

Por último, hermanas y hermanos, de esta amplísima imagen de Iglesia que aquí se representa, me siento también obligado de corazón a saludar a las autoridades civiles. A nuestro Gobernador, Emilio González Márquez, aquí presente, así como a las demás autoridades en los niveles federales, estatales y municipales. Cada uno en su campo podemos establecer nexos que contribuyan al bienestar y la mejoría de la sociedad.

Concluyo centrando la mirada en la imagen hermosísima de Cristo Crucificado que preside el presbiterio, así como la modesta y sencilla imagen de Nuestra Señora de Zapopan, porque cuando contemplamos estas imágenes, especialmente la de Cristo, solo me nace decirles: Al tomar posesión, en nombre de Cristo, de esta cátedra de la Iglesia de Guadalajara, con toda mi pobreza y toda la humildad, me nace decirles, yo estoy aquí en medio de ustedes como el que sirve... Yo no he venido a ser servido sino a servir y a dar mi vida por ustedes.

¡Qué la santísima Virgen me alcance esta gracia! Que ella interceda para que yo sea imagen de Cristo, servidor, pastor y esposo de esta queridísima Iglesia de Guadalajara..."

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